
Kélynda era una chica para nada agraciada por las artes de la belleza y los canons griegos de las proporciones ideales de toda mujer. Su cadera era gruesa, sus muñecas parecían barbies ballenas, y sus pies se hinchaban a los pocos pasos que ofrecer al estresado mundo que corría por delante de ella sin intención de dejar ventaja a la desgraciada y desproporcionada Kélynda.
Un día, mientras estaba sentada en su silla eléctrica con gruesos y mullidos colchones de flex, el teléfono sonó con su estrepitoso RANG y una vocecita en la cabeza de la chica sonó al mismo tempo.
- No te levantes y acábate la ensalada.
Kélynda observó la supuesta ensalada, y vio como aquellas hojas verdes y profundamente odiadas se convertían en patatas fritas con guarnición con extra de grasa. No parecía recordar ninguna de las opciones del menú dietético del doctor ya que no las respetaba lo más mínimo.
Sí que había comido ensalada, de entrante, siguiéndole un sorbete de limón, un trozo de ternera de medio quilo con acompañamiento de alioli, y finalmente las patatas con la ternera que no había acabado en su primer acto.
- No te levantes y acábate las patatas y la carne. – corrigió la voz.
Kélynda lloró y se levantó con ágil dificultad por tal de ir y descolgar el teléfono.
- Diga – susurró, con su voz ya de por sí distorsionada por el colesterol incrustado en sus cuerdas vocales. - ¿En qué puedo ayudarle?
- Buenos tardes, soy Ariaan Belot, de la Clínica Saint-Crustaç. Le llamábamos para informarle de que su liposucción ha sido aprobada. Preséntese por favor el trece de marzo del año… Este año, vamos.
Kélynda sonrió y cuando colgó, fue a comer sus patatas y su carne, pues la grasa de sus cuerdas vocales serían aspiradas, de nuevo, por quinta vez.
Kélynda
Publicado por
MQL
viernes, 26 de junio de 2009
Etiquetas: Microrelato
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