
A la mañana siguiente Susan quiso matarme por dos razones: la segunda es que no había accedido a acostarme con ella, y la primera, es que no le había presentado a mi primo Den.
Pero dejando de lado este último detalle, Susan era una chica algo tranquila y muy amable, tan solo que a veces pecaba de soberbia en volumen pectoral. Con dichas cualidades genéticas, osease, ese dúo de protuberancias tan extremadamente atemorizadoras, Susan se había llevado a su lecho a todos mis primos, y en un tiempecito de dos semanas ya había catado mi generación familiar colateral en el árbol, excepto a los homosexuales y féminas.
Susan, entra y sale. Pero Susan ahora es una mujer distina a las demás que caminan por la calle. Su mirada es varonil, nuez sube y baja al hablar con ese tono tan grave que localizas con el oído al segundo 0,0001 de la pronunciación de su palabra. Susan se ha cambiado el nombre, y ahora intenta cambiar su sexo, pero por más que intenta ahorrar no consigue los millones que cuesta ese pene de plástico que para erectarlo has de hincharlo con una bomba de oxigeno cual fumador compulsivo. (Ohh, pene fumador!)
Susan ahora se llama Pablo, y cuando me reencuentro con mis primos encuentro rápidamente un tema de conversación.
YO: ¿Te acuerdas de Susan?
PRIMO: Sí.
YO: Ahora es un tío.
Rara es la contestación siguiente, en la que 5 de 10 primos quieren volver a quedar con Susan, para esta vez conocer a Pablo e invitarle a unas cañas…
Pero más extraño es aún cuando Susan niega la cita, por qué ahora quiere ligarse a mis primas.
Susan y Pablo
Publicado por
MQL
viernes, 26 de junio de 2009
Etiquetas: Microrelato
0 comentarios:
Publicar un comentario